Pedir al centro: por qué compartir cambia por completo una comida

Hay dos maneras muy diferentes de sentarse a comer.

Pedir un plato para cada persona.

O llenar la mesa y comenzar a compartir.

La segunda tiene algo especial.

Cuando los platillos llegan al centro, comer deja de ser una experiencia individual. Probamos cosas que probablemente no habríamos pedido, descubrimos nuevos sabores y la conversación inevitablemente comienza a girar alrededor de la comida.

“Prueba esto.”

“¿Quieres un poco?”

“Pide otro.”

Son frases pequeñas, pero forman parte de algo profundamente relacionado con nuestra manera de comer.

Compartir también permite recorrer una propuesta gastronómica de otra forma. En lugar de conocer solamente un platillo, la mesa puede convertirse en una pequeña exploración de diferentes sabores, texturas y preparaciones.

Y no hace falta convertirlo en una regla.

Ese es precisamente el encanto.

Pedir al centro simplemente crea la posibilidad de que algo inesperado llegue a tu plato.

En Santa Chía, la mesa forma parte de la experiencia tanto como aquello que se sirve sobre ella.

Así que la próxima vez que vengas acompañado, prueba algo diferente:

No preguntes únicamente qué quiere pedir cada persona.

Pregunta qué quieren probar todos.

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